¿Sabes tú, cuándo volveré a escuchar esa llamada de domingo en la mañana?
“...sólo soy un alma que escribe su historia sobre la corona de los cielos con letras de sangre, amor y fuego…”
17 de enero de 2013
28 de diciembre de 2012
Al final dijo...
El silencioso anciano de blancos vestidos, recorre valles y cumbres con paso discreto, rumbo a la montaña bermeja donde aquel solitario guerrero pretende hallar la fuente de la eterna ventura. Transforma su rostro, sus brazos de fuego se extienden hasta el desértico abismo azul. Luego, sin espejismos, habla firme con apacible voz:
"Yo te responderé y no me preguntarás:
Hasta cuando se oiga la voz del estruendo
en la errante penumbra de la
guerra sin fin
Hasta cuando tus soberbias miradas
contemplen lo excelso de tu propia humildad
Hasta cuando los pies ligeros de afán
caminen seguros por la ruta del bien
Hasta
cuando domines tu frenética nave
en las profusas aguas de altamar
Hasta cuando desde lo hondo del corazón
inunden la tierra, las aguas del perdón
Hasta cuando se extienda tu bondad
sobre los otoñales jardines de olvido
Hasta cuando acalles tu oído afanoso
a la necedad dominante de victoria suprema
Hasta cuando el jinete de blanco corcel
afirme su estrado en la tierra de los vivientes
Hasta
cuando aceptes con gozo
la
bella melodía de tu eterna humanidad
Hasta
cuando cesen los ruidos del vano metal
en
las mesas colmadas de sed y ansiedad
Hasta
cuando en el sagrado altar de la alianza
ofrendes tus
añejos blasones orlados de miedo
Hasta
cuando regrese a los campos la infancia dorada
y se
deponga el alma guerrera teñida de rojo
Hasta
cuando veas al anciano de días, sabio y silente,
11 de diciembre de 2012
Tras el signo de Kanbei

Entre agudos sonidos de trompeta, oscuros murmullos de batalla y dorados
cantos de doncellas, el valiente heredero de la guerra sin nombre, coronado de
infortunios y pleno de esperanzas, afirma la mirada de su trémula voz. Y sus palabras errantes, cuales aves de otoño, se elevan ante la majestuosidad de la
rojiza colina de oriente…
¿Hasta cuándo dejará de esperarse
El arribo del atalaya de paz?
¿Hasta cuándo veré en esplendor,
La majestad de mi extraña utopía?
¿Hasta cuándo las manos
inquisidoras,
Ejecutarán su infame legado?
¿Hasta cuándo los fuertes
vientos,
Desolarán mi barca azotada?
¿Hasta cuándo la amarga
apatía,
Avivará las brasas de la
injusticia?
¿Hasta cuándo la piedra
indolente,
Golpeará la suave azucena?
¿Hasta cuándo dejarás que tu
solemne silencio,
Agobie hasta el fin mi frágil
esperanza?
¿Hasta cuándo deambulará
acechante
La infame crueldad por campos y
villas?
¿Hasta cuándo dejaré al cuidado
del ocaso
La absurda creencia de comprender
mis derrotas?
¿Hasta cuándo entenderá el
terrenal
Que su mayor tesoro reposa en otro
lugar?
¿Hasta cuándo lucharé cual
valiente samurái
Contra el vestigio de
mis perpetuas derrotas?
¿Hasta cuándo el látigo del
verdugo,
Castigará la dulce inocencia?
¿Hasta cuándo aquella palabra
ausente
Arribará a mi puerta desierta?
4 de diciembre de 2012
Del ideal del Amor y su realidad
“Éstas son cuestiones tan complejas, cuestiones que en general se prefiere evitar (comprendo también este punto de vista, hasta lo comprendo mejor que el mío) pero a las que yo he dedicado toda mi existencia”.
Estanislao Zuleta
Contrario a lo que pudiera plantear el concepto de permanencia, al volver la vista respecto de nuestro pasado, se nota que algo (o quizá todo) ha cambiado.
Criterios entrelazados, objetivos ventajosamente
inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes o certidumbres
anquilosadas, desaparecen ante los nuevos riesgos (que no son seguros pero sí
son benéficos) y las grandes enseñanzas que deja el haber comprendido que las
carencias en las relaciones humanas inquietantes, perdibles y rodeadas de
idilios sin mañana, estimulan la capacidad de luchar para obligarse a renovar
del mundo interior.
Todas las concepciones hedonistas con sus ilusas
satisfacciones, se transforman por una filosofía llena de incógnitas, de
preguntas abiertas y de enormes cuestionamientos acerca del valor de lo fácil y
lo cómodo que muestran la incapacidad propia de dar cuenta de todo y que
descubren la intención de buscar el poder a través de intereses compensatorios
que engañosamente conducen a la idealización del fin, de la meta y al terror
que producen los medios que procurarán su conquista.
Tal vez muchas personas, a raíz de sus conflictos,
creerán que se hallan en el grave peligro de dejar de creer. Se podría
considerar que el verdadero peligro radica en llegar a creer que la realidad no es como
es. Por tanto, no debería preocupar que llegara a no existir sino que lo que
tendría que temerse es que realmente fuera así como a veces se muestra desde
diversos contextos .
Una eternidad plena de seguridades, una isla de dicha con sinfín de deseos y sin desafíos o probablemente, un reino de soluciones
definitivas y armónica reconciliación total que sólo llega a convertirse en un
círculo de mentiras eternas, facilidades vacías y carentes de la búsqueda de
superación acompañadas del miedo a morir a nuestra infinitud de deseos mal
concebidos porque amamos todo aquello que nos evita la angustiosa experiencia
de las razones que se basan en la realidad, un punto que el entendimiento
construye en la eternidad.
“No tenemos, por lo tanto, la menor posibilidad de
elegir entre idealización y no idealización; pero podemos establecer una
tipología de la idealización, de sus diversos grados de fijación, de sus
combinaciones con el desengaño y de los mecanismos de su funcionamiento en el
amor, en el pensamiento y la acción”.
Estanislao Zuleta.
En cuanto a las relaciones humanas, a
veces denominadas “por amor” y convertidas en una necesidad irritante con todas
sus variadas motivaciones, no implican ejercicios de presión que traten de
terminar lo que jamás empezó ni mucho menos insistir en algo que nunca ha
existido pero se hace imprescindible vivir la doctrina que combina el
entusiasmo, el respeto, la crítica, la muerte, el amor verdadero, la reciprocidad y la
aceptación en un punto donde dichos principios adquieren vigencia y cuya
aplicación consecuente no determina ni condiciona ninguna relación con halagos
o promesas de tentadores privilegios que generalmente culminan en una
desidealización de seres y decorados meramente comunes que al final del
camino nos debe conducir a creer y confiar, más allá de todo, incluso de
sí mismo.
Esto debería ser más que un compromiso o una
idealización de la vida personal o colectiva. Entonces, si una
palabra, una acción, una sensación o una emoción, llegan a nuestra mente para herirnos, tendremos que
aprender a estar seguros de que es preciso herir algo en
nosotros hasta que muera.
Y es en esta secuencia de la vida donde se aprecia
que frecuentemente nos disponemos para muchas virtudes con ciertos entornos y
personas porque “así lo pide un ser superior", según la cultura. Pero llega un momento en que es preciso
escoger entre esa disposición y la fidelidad a una ley bien clara de ése Ser. Y es
ahí (y sólo ahí) donde se verá si se actuaba o no porque “así lo pide en su voluntad, ése Dios”.
“Al ser la búsqueda de la felicidad en el amor tan
vieja como nueva, también lo es complicada pero sencilla; es complicada porque
tiene que ver con personas y nada nos desconcierta más a nosotros, que nosotros
mismos".
11 de noviembre de 2012
Arena en el alma
Caminaba junto al Oráculo
Entre arenas de Lodebar,
Meditando antes de partir
A las punzantes montañas de Ararat.
En medio de mi fatiga,
Mis
ojos alcé al horizonte
Y con callada ansiedad expresé:
- “Quisiera que fuese primavera”
- “No lo será por un tiempo aún”,
afirmó el Oráculo
- Y repliqué: “Entonces quisiera
que fuera invierno o verano”
- “¿No te gusta el otoño?”, me
preguntó.
- Respondí: “¡Oh! ¡El otoño está bien!”
- “Lo que no me gusta es el momento
presente...”
Y emprendo mi camino a sus colinas rojizas
Entre suspiros y silencio
Por lo que dejo tras mis pasos...
10 de noviembre de 2012
En mi Cielo
Sólo falta tu estrella en mi cielo azul, gitana mía, gitana de mi corazón. Te adoro, te extraño, te pienso, te quiero y te amaré hasta el final...
30 de octubre de 2012
At the sunset
You end my darkness
You began my heaven
You saved my treasure
You gave me to the Queen
You see my actions
You don’t forget my walking
You touch my hands
You hold my heart
You know my soul
I learned the anguish
You healed my sorrow
You have judged with the true
You teach me myself my own
mistakes
Now, I recognize my sin
I haven’t excuse in front of you
Though, my hope is true
My faith is as small as eternal
And my peace is gloryland
With the alone star
I pray for her life
I dream with my home
In my silent
I talk across the wind
And between lights and shadows,
My voice whisper in his throne:
¡¡Listen me, help me and
26 de octubre de 2012
Una guerra que nadie nota
(Escrito el 20 de Octubre de 2007)
Todo conflicto armado que se presenta en el mundo, reúne varios aspectos que giran en torno a él, incluso desde antes y después de su funesto desarrollo. Los intereses directos creados por los actores del conflicto priman en este punto con toda fuerza y sin importar las afectaciones a las que hubiere lugar pues se defienden dichos objetivos o “derechos” muy concretos que justifican la principal causa de un enfrentamiento con el oponente.
A
través de las décadas en nuestro mundo contemporáneo, han ocurrido diferentes
tipos de guerras en distintos lugares, con protagonistas dispares, con
armamento sofisticado que se utiliza en las formas de lucha, diversas aunque
discutibles y, por sobre todo, con resultados siempre catastróficos. Pero en
todo este largo historial de sangre y fuego, existen dos factores que son
comunes a la guerra y que, directa o indirectamente, han permanecido ahí,
a la sombra, beneficiados o perjudicados
pero siempre presentes.
Uno
de esos aspectos son las víctimas del conflicto bélico. Millones de seres
sufren en todo momento los estragos de
la guerra sin que puedan evitar los ataques y la violencia con la cual se viste
tal hecho. Ejemplos del pasado como Hiroshima, Nagasaki, Hanoi en Vietnam, el
Medio Oriente, repúblicas africanas, El Salvador, Nicaragua y, por supuesto,
Colombia, reflejan esta afirmación sin tener que hacer mucho esfuerzo para
imaginar la magnitud de dichas tragedias, sorprendentemente ignoradas por la
mayoría de los habitantes del planeta, gracias al pensamiento mercantilista de
los grandes medios masivos de comunicación.
Y aunque aquellos medios obvien las
verdades de fondo, son ellos quienes, con intención o sin ella, aportan el otro
factor que se considerará más ampliamente en este ensayo. Son los
corresponsales de guerra.
Un grupo pequeño de personas dedicadas a
cubrir los detalles y eventos de alguna confrontación bélica que se presente en
el mundo “moderno” sin dejar pasar, en lo posible, las verdades ocultas tras la
escena armada, no obstante que para ellos, lo que está en juego no es el dinero
o el prestigio de su carrera periodística sino que es la vida misma la que se
expone a cada instante.
Estos enviados también viven su propia guerra. Aparte
de luchar por obtener información valiosa y útil o de subsistir en medio del
fuego cruzado y de las hostilidades propias de estos acontecimientos, el
periodista de guerra enfrenta sus propios retos y para tal fin debe asumir un
rol protagónico pero discreto durante su tiempo de trabajo en una determinada
zona; debe ir, investigar, indagar y descubrir a través de mecanismos muy
sagaces, la verdad que unos guardan y otros celosamente vigilan. En el lenguaje
periodístico se conocen como las fuentes de información.
Se puede definir como una fuente de información a aquellas personas o entidades que conservan y manejan cierto tipo de datos acerca de un tema o hecho específico y que tienen la facultad de darlo a conocer a la opinión pública a través de los medios. En las confrontaciones armadas son de un alto valor periodístico pero con un discutible valor moral y ético pues depende de quién emita el concepto o la información y de la trinchera ideológica desde la cual resguarde su pensamiento. El mayor inconveniente a encontrar en las diversas fuentes es tener certeza de su veracidad e intención al dar una declaración.
En ocasiones puede suceder que el reportero es utilizado por uno de los oponentes como medio de reacción al bando contrario brindándole información negativa de ellos y colocando como suyas palabras que en nada se relacionan con la verdad. Una buena intención con una pésima interpretación puede resultar fatal en un proceso armamentístico y sus efectos serán muy perjudiciales para los que están dentro y fuera del conflicto.
Cada
uno de los protagonistas del enfrentamiento armado, es una fuente en potencia.
Sus representantes, sus posturas ideológicas, sus formas de expresión además de
sus metodologías de guerra, muestran al espectador, por medio del corresponsal
de guerra, un lado del conflicto, una cara de su “realidad”.
Pero,
¿necesariamente allí se encuentra toda la verdad? ¿No habría una posibilidad de
que tras el velo de la retórica o la represión, se escondan las verdaderas
intenciones por las cuales se genera un hecho que, en resumen, sólo deja
grandes pérdidas, miles (o quizá millones) de muertos con la consecuente
destrucción y atraso evidente en las naciones?
Por
tanto, el corresponsal de guerra asume el papel de actor externo del conflicto
pero en una posición tan arriesgada y peligrosa como la de los principales.
Enfrenta las posturas de los dos lados y con su habilidad, pericia, equilibrio
racional y social debe hallar esa parte verosímil que en ciertas ocasiones
puede ser tan distinta a la de los mismos participantes de la guerra, que
sorprendería ver cómo fabrican escenarios de guerra donde ambos convergen en
propósitos, que muchas veces son comunes a ellos, y que nada tienen que ver con
las posturas nacionalistas y de percepción que darían pie para iniciar un
enfrentamiento armado.
De modo que con todas las
limitantes del medio en el que se encuentra, necesita zafarse de la supuesta
objetividad informativa y enfilarse en la dura tarea de utilizar, en el sentido
literal de la palabra, a sus diferentes fuentes de información a las que pueda tener acceso; y con base en los datos
recopilados, hacer un análisis desapasionado y sin ninguna clase de intereses
creados (aunque esto sea difícil) para confrontar lo expresado por las fuentes
con lo visto en el campo de batalla, que ahora pasa a ser su campo en el cual
se forma una opinión que transformada en palabras escritas, habladas o
procesadas a través de la lente de la cámara de video, intente mostrar la otra
faceta de los sucesos dantescos que acontecen en el diario vivir de la guerra
sin olvidar que su objetividad siempre será subjetiva.
De
la misma manera que el periodista halla diversos elementos adversos en su
búsqueda de la información durante el proceso bélico, así también se ve
obligado a enfrentar a sus superiores que, a la distancia, pretenden influir en
la información de sus enviados pues tal es su concepto o es la imposición de
los propietarios del gran medio. Es absoluta responsabilidad del periodista
ejercer autonomía y defender sus espacios de libre expresión en aras de salvar
la nobleza del oficio y el estatus de profesión del mismo. Porque si esto no es
así, ¿a quién se podría creer? ¿Dónde se ubicaría la veracidad en medio de
tantas falacias?
En
consecuencia, el corresponsal de guerra necesita de sus fuentes como el día de
la luz. No existen periodistas omnipotentes que manejan textos, contextos y
conceptos en su sola potestad. Aquellos que tienen la información, que tienen
acceso a los datos, al dinero y, por ende, al poder, son el objetivo primario
de su visión periodística en procura de captar la realidad más cercana y con
esos fundamentos emitir, desde su punto de vista, una afirmación, una denuncia
o una noticia.
En
conflictos armados como los ocurridos en Centroamérica o Colombia, se puede
apreciar que la responsabilidad de los medios ha sido fundamental en el
desarrollo de los acontecimientos de guerra.
Por ejemplo, se pudiera mencionar
cómo los medios fueron determinantes en la década de los ochenta en El Salvador
cuando emitían domingo a domingo las homilías de Monseñor Oscar Arnulfo Romero
en contra del régimen militar imperante en ese momento.
Tales declaraciones
valerosas y desafiantes del purpurado le llevaron a la muerte en Marzo de 1.980
y con ello, el desencadenamiento de una sangrienta guerra civil que se extendió
por más de una década en todo el país pero que llevó al pueblo salvadoreño a
actuar decididamente, aunque indefenso, en la batalla contra la crueldad. Y
junto a esos luchadores anónimos, los periodistas que lograron subsistir,
mostraron a la faz del mundo las verdaderas situaciones que se vivían al
interior de la nación, en un claro reto a los grandes potentados que ostentaban
el mando , merced a las armas y la intimidación.
Y
en conflictos más prolongados como el de Colombia, que supera los cuarenta
años, los pocos cronistas de guerra actuales como Jorge Enrique Botero o el
profesor Lázaro Viveros, ejercen gran influencia en medio del conflicto entre
los insurgentes de la izquierda o de la extrema derecha y el Estado colombiano.
Últimamente, informaciones como la de Emanuel, el hijo de Clara Rojas,
compañera de fórmula presidencial de Ingrid Betancourt en el año 2.002, nacido
en cautiverio y revelada por Botero en un libro de su autoría o la primicia
mundial de la muerte de los once diputados del Valle del Cauca divulgada por
las FARC en su página de Internet y confirmada por el profesor Viveros,
reflejan la capacidad de profundización de los medios en temas relacionados con
los actores armados.
Son
escasos los buenos corresponsales o periodistas de guerra que actualmente
existen. Tal vez, la manipulación de los medios, el efecto mediático de los
mismos o la apatía de los periodistas hacia esta rama informativa por su riesgo
e incomodidad manifiesta, hacen que aún las guerras del siglo XXI sean
sólo espectáculos televisivos, de prensa o de Internet por los cuales desfilan
cada uno de los protagonistas de la guerra cuales vendedores de primera línea
que ofrecen las bondades de sus propuestas e ideologías con alto menosprecio de
las del contrario solamente porque no son acordes con las de ellos y, de paso,
justificar las atrocidades con frases de cajón que muestran la degradación del
ser humano (no de la guerra, que en sí es un acto inhumano y degradante)
Por
esto, el escritor, el locutor, el reportero o cualquier persona vinculada a los
medios masivos de comunicación, tiene la imperiosa necesidad de alimentarse de
sus fuentes pero nunca colocarse de un lado o de otro. No debe involucrarse
sentimental, laboral o ideológicamente con ellas ni colocarse en el extremo
opuesto debido a diferencias de criterios; eso sí debe mantener sumo respeto
por cada persona o institución así sus ideales no se compartan en su esencia y
en su forma.
La imparcialidad como bandera del periodista debe ser efectiva y
no ficticia pues siempre estará expuesto a que la realidad salga a flote en
algún momento inesperado por medio de un colega, de la audiencia o de las
mismas fuentes lo cual dejaría sin piso la credibilidad del profesional de los
medios.
Ante
todo, su prioridad es el lector, la radio audiencia o el televidente y es a
ellos a quienes debe dirigirse sin prepotencia ni ínfulas de sabelotodo sino
con la mira puesta en sacar el mejor provecho a los contactos que ha establecido
en función de su labor, que es revelar la verdad.
La
esencia de nuestra misión consiste en hablar cuando otros callan,
callar cuando muchos hablan, retarnos a nosotros mismos con la conciencia de la
responsabilidad ante el entorno social y, de ahí, partir a espacios y lugares
donde muchos rehusaron ir.
19 de octubre de 2012
Siento...
Novecientas catorce estaciones he recorrido en este nebuloso trayecto que
ha marcado mi ruta desde esa lluviosa tarde cuando el incesante reloj marcaba
el último segundo de aquella vida que como agua entre las manos, se disipó para
siempre.
Hoy, vuelo en las alas del recuerdo, de la nostalgia, quizá visto como un sutil
niño en su escondite caprichoso con el deseo de hallar en su interior, ese
refugio de antaño, transformado ahora en una inmensa cueva inhabitada que
amplifica las voces del dolor estruendoso pero sanador.
Mi Ángel en sueños de paz, mi refugio en soledad: Tu rostro de sol en
noches de penumbra disipa mis dudas, consuela mi alma y en tu regazo, respiro el
fragante aroma de tu nueva morada, un hogar de quietud que guardará tu inmortal
eternidad.
Madre, sé qué también estuviste ahí.
14 de octubre de 2012
Desde la trinchera, mi recuerdo.
Desde mi trinchera, con líneas rodeadas de silencio, esperanza y soledad, recuerdo a esas personas que amaron antes y dedicaron tiempo para dar a otros lo mejor de sí. Este fugaz recorrido por la iconografía de la película “Che El Argentino” no pretende afirmar conceptos políticos ni ideológicos; tampoco busca demostrar elocuencia autoral.
Quizá,
cuando haya considerado saber algo, aún no habré sabido nada como debo
saberlo. Aún así, quiero dejar como una opinión persona, significante de esta
etapa vivida, que ninguna figura por famoso, inteligente, poderoso o atractivo
que aparente ser, es mejor que cualquiera de sus semejantes.
No existe
diferencia alguna entre un obrero colombiano, un monje hindú o un aristócrata
inglés en su concepción y expresión como seres humanos. Sea Rosa Parks, el Che Guevara o el más anónimo de los pobladores del mundo, cada uno puede (y
debe) dejar huella como registro de su ser, de sus percepciones, pensamientos,
emociones y acciones que contribuyan al mejoramiento de la vida personal y del
mundo mismo.
El resultado
del filme “Che el Argentino” va más allá de contar una historia que se debate
entre amores y odios. Steven Soderbergh no pretende hacer apología a la
violencia irracional o a la guerra entre naciones hermanas sino que en el fondo
representa al hombre tras el mito, al inspirador de nuevas formas artísticas y
al revolucionario que apuesta por el amor.
Además, trata
de recrear el antiquísimo sueño del hombre por superar sus propios límites a
todo nivel y nos enseña a descubrir lo que fuimos para entender lo que ahora somos
(así sea difícil de creer). Es bueno conocer nuestras raíces y no negarlas en
una carrera a contratiempo a la hora de llegar a ser lo que queremos ser.
Quién no ha soñado
ver su imagen reconocida en los cinco continentes, su nombre aclamado por
multitudes e inscrito con letras de oro en los memoriales a los cuales sólo
acceden los “héroes” que han construido la historia paso a paso. Ese es un buen
deseo, sin duda.
Pero al ser esa
búsqueda de la inmortalidad tan nueva como antigua, se vuelve complicada pero
sencilla ya que tiene que tiene que ver con seres humanos y nada nos desconcierta
más a nosotros que nosotros mismos. La inquietud para quien lee (y por supuesto,
para quien escribe) es: ¿De qué forma vale la pena hacerlo?
Para ello,
se precisa aprender que las contradicciones también confirman. Se requiere comprender
y aceptar que siempre costará demasiado perder la seguridad que se tiene cuando
se está de acuerdo con los demás. Porque cuando alguien es llamado a destruir
para edificar, debe discutir, luchar, argumentar contra los otros, y tal vez
contra sí mismo, hasta el punto de verse despojado de todo y considerarse como
menos que nada.
En estos
tiempos, desafiar la propia naturaleza cambiando seguridades y certezas de años
por nuevos riesgos e incertidumbres, es misión que pocos aceptan. Pero
sólo así se escribe la historia.
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