19 de agosto de 2012

Juegos sin niños



Imagen tomada de http://colectivo-ila.blogspot.com/2012/03/colombia-una-guerra-contra-ninos.html#!/2012/03/colombia-una-guerra-contra-ninos.html

Una profunda herida en la memoria se abrió nuevamente esta semana a raíz de la presentación del informe "Como corderos entre lobos" liderado por la politóloga Natalia Springer, que en los recientes años registra el aumento significativo del reclutamiento de menores de edad por parte de los grupos armados ilegales, una realidad tan palpable como ignorada en Colombia.

De acuerdo al informe, el 40 por ciento de los integrantes de los principales grupos guerrilleros son niños, que al contrario de lo que se piensa, no son vinculados voluntariamente a dichos movimientos sino que por presiones tanto internas como externas o amenazas de muerte, terminan militando en sus filas, aún cuando morfológica o fisiológicamente, no están mínimamente aptos para tareas propias de la insurgencia armada.

Las razones por las cuales esta absurda realidad se hace manifiesta ante los ojos de la opinión pública, son más amplias de lo que se ha creído hasta ahora. El conflicto armado que vivimos desde hace décadas sólo es el efecto detonante de factores socioeconómicos, culturales, educativos y familiares que permiten que fenómenos como éstos se fortalezcan cada vez con la mirada pasiva de quienes podrían hacer algo a favor de estos menores.

La pobreza extrema, la desigualdad social evidente en el país, la creciente violencia al interior de los hogares, donde los niños sufren los mayores daños físicos y morales, las escasas posibilidades de acceso a educación de calidad así como el desempleo que afecta a sus progenitores, lo cual, indirectamente los lanza en la búsqueda de oportunidades laborales a fin de obtener dinero para su subsistencia, son algunos factores que facilitan la inserción de los niños en la guerra.

De esta manera, estos dieciocho mil niños, según los datos del informe presentado por Springer, son partícipes activos del conflicto desde temprana edad y unos cien mil más son colaboradores de las bandas criminales emergentes surgidas desde los movimientos narcoparamilitares. Cifras de por sí alarmantes en su sola expresión.

Rostros impregnados de dolor, resignación ante el incierto presente con la muerte rondando cada minuto, manos infantiles que en vez de construir figuras de ciencia ficción, naves espaciales o grandes metrópolis con los inolvidables armatodo de años pasados, empuñan armas de fuego que, generalmente, los exceden en tamaño y fuerza, con el único fin de luchar por sobrevivir en las selvas del país.

También son destinados a realizar labores domésticas, especialmente las niñas, antes de alistarse en los combates, otras son usadas como objetos sexuales con la consecuente degradación de su dignidad humana e incluso, son entregados como señuelos en áreas urbanas o zonas de guerra.

Mirar de lejos las magnitudes de la real situación que viven los menores de edad involucrados en cualquier grupo criminal, no ha sido la mejor decisión. Los programas de reinserción han fallado en la atención integral a los niños, el sistema educativo centralizado en las grandes ciudades, los ha dejado al abandono y la poca aceptación por parte de su entorno, son obstáculos aún insalvables para ellos.

Compromisos estatales más allá de las conferencias de prensa, proyectos sociales cercanos a quienes más los necesitan y profunda conciencia por parte de los padres en cuanto a la formación de sus hijos, son algunos aportes que permiten cimentar el futuro de los niños colombianos que entre juguetes y crayones, buscan en lo oculto de sus corazones, esos mundos increados que desean ver la luz.

Numerosas historias de vida, se han truncado porque muchos protagonistas de voz infantil y mirada inocente, murieron bajo el fuego de las armas así como muchos más cayeron en el olvido y la indolencia de una sociedad que aun no ha aprendido a sanar sus dolores o curar las heridas de sus futuras generaciones ni mucho menos a forjar un mejor futuro para evitar que historias como las narradas por muchos de estos niños, vuelvan a repetirse como el siniestro final de una anunciada tragedia gótica.

13 de agosto de 2012

Lo hicimos bien















Imagen tomada de http://i.dailymail.co.uk/

Con estas palabras, el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Londres 2.012, Sebastian Coe, dio por concluida la cita deportiva minutos antes que el fuego olímpico se desvaneciera ante los ojos de miles de asistentes al estadio de Stratford, ubicado en una antigua zona marginal de la capital británica.

A pesar del acentuado pesimismo, característica propia en la idiosincrasia de los británicos, las palabras de Coe, campeón de atletismo en Moscú 1.980 y Los Ángeles 1.984, confirman el éxito de las justas que durante diecisiete días eclipsaron otras realidades que circundan la cotidianidad de los pueblos.

Unido para un propósito común, el pueblo británico hizo gala de sus riquezas y valores dispuestos a lograr tal fin, dejando de lado incluso diferencias culturales y religiosas entre ellos. Todos los esfuerzos encaminados a construir unas justas inolvidables que desde su cinematográfica apertura continuó con la actuación de cada participante hasta su emotivo final musical de hace algunas horas, evidencian que se pueden realizar grandes proyectos, más allá de las limitantes, los imprevistos o más allá de nosotros mismos.

Así como su extensa historia inspiró a los británicos, como en su día ocurrió con los griegos o hace veinte años con los españoles que en Barcelona unieron fuerzas y recursos para cumplir la cita olímpica, quizá ese es el mayor legado que nos deja este magno evento, sin olvidar el magnífico resultado a nivel competitivo obtenido por los deportistas que representaron a nuestro país.

Colombia, certificó en Londres 2.012 la mejor actuación en toda su historia olímpica que data desde 1.932. Y tal objetivo se logró merced a esfuerzos de las familias de los atletas, recursos privados y algunas entidades públicas que desde el inicio hicieron su aporte tanto material como anímico, algo tan esencial como benéfico.

Nuestra nación, abundante en dialectos, ideologías y múltiples expresiones culturales, ha estado ávida de mejorar en otros niveles de su estructura como país, de su gente e incluso de sus propias percepciones. Irónicamente, la unión de voluntades, virtud que produjo el éxito deportivo en las justas británicas, es lo que más ha faltado en otras facetas que también lo han requerido desde hace mucho tiempo. Ejemplos de ello, llenarían cientos de páginas y horas de conversación.

Si tan sólo comprendiéramos que las diferencias que nos distinguen, son precisamente los valores que requerimos para desarrollarnos, otro sería el panorama que tendríamos en el presente. No es cuestión de pertenecer a algún extremo político, religioso, racial o socioeconómico, sino que con una visión más amplia de lo que realmente somos, podamos estar de acuerdo en lo fundamental para cual pincel multicolor, decoremos lo que serán las bases de un futuro que quizá muchos no veamos.

Propósitos tan nobles como inexplorados como el no dejar en el olvido a nuestros mayores, impulsar nuevos conocimientos en los jóvenes, no descuidar la educación y la alimentación de los niños o promover el talento que a través de melodías, imágenes o letras, descubran la profundidad de las almas colombianas, son algunos de esos motivos de unidad que tanto necesitamos para crecer.

Cuando este momento histórico pase y ya nuestra hora de partir esté cercana, quizá a lo lejos contemplemos, cuán valioso fue lo que individualmente contribuimos por un bien común, pues al igual que nuestros 104 atletas colombianos en la competencia olímpica de este año, nuestra vida entera, cual acto poético, se habrá justificado así sea sólo por un segundo, como bien lo expresa la historiadora Diana Uribe Forero en sus fascinantes crónicas sobre la historia del mundo.

Un capítulo más se cierra en la historia de la humanidad. Nostalgias, recuerdos, añoranzas, risas y llanto permanecerán por siempre en la memoria. Vendrán otros protagonistas con renovados desafíos y diferentes expectativas. Ojalá al volver la vista atrás, como Sebastian Coe en su discurso de despedida en este verano de 2.012, podamos retomar sus palabras y decir: "Lo hicimos bien".  

5 de agosto de 2012

Héroes impensados




Gran emoción en el público colombiano produjeron las imágenes de los deportistas que alcanzaron (hasta ahora) subir al podio en los Juegos Olímpicos de Londres. Inolvidables momentos que perdurarán en la memoria histórica como recuerdo de los logros alcanzados, aun cuando se desconocen los diversos caminos transitados años atrás en búsqueda de la gloria olímpica.

Y es que a estos tres deportistas los une algo más que una bandera o su pasión por el deporte competitivo. Sus inicios fueron tan parecidos como limitados y sus historias de vida, ejemplo de la realidad que se repite en miles de hogares colombianos.


La violencia armada que vive el país, las penurias económicas o la muerte misma como ejemplo de intolerancia, bien pudieron dejar en el olvido a estos ilustres colombianos de hoy pues nunca sus nombres, rostros y hazañas, hubieran cobrado vigencia para la posteridad.


Yuri Alvear, Óscar Figueroa y Rigoberto Urán, asumieron lo que en principio debió ser una tragedia, para empezar desde sus humildes casas de barrio popular, a construir una historia entregada al deporte y la superación existencial en procura de un mañana mejor para sí mismos y sus familias.


Sus historias, narradas por ellos mismos entre lágrimas de felicidad y nostalgia, despiertan sentimientos de exaltación hacia su cosecha olímpica, labrada en las calles de sus pueblos, donde el amor fraternal, la disciplina constante y la seguridad manifiesta, marcaron su rumbo con la firme convicción de dar lo mejor en cada pedalazo, cada levantamiento o cada desafío en el tatami.


Quizá las complejas condiciones sociales, económicas y políticas que se evidencian en la Colombia contemporánea, hayan incidido en que historias similares no se repitan a éstos y otros niveles como los culturales o académicos. Lamentablemente, aún nuestra sociedad prefiere sacrificar a sus mejores valores por mantener estructuras insostenibles que en nada benefician el desarrollo social del que tanto se habla en eventos proselitistas pero que al momento de aplicarse, sólo quedan como buenos deseos jamás cumplidos.


Sin embargo, aquellos que vienen tras estos héroes que exhibieron los colores de la patria en el podio olímpico, tienen como referencia sus experiencias personales como inspiración para escribir su propia historia desde los más ignorados lugares que en sus entrañas, guardan un extenso remanente que espera la oportunidad precisa para ir más allá de sus propias expectativas.


Y más allá de las cámaras, los micrófonos y los reconocimientos públicos, la admiración hacia ellos trasciende el logro deportivo. Su deseo de no ceder al facilismo de la violencia y el odio, algo bastante complejo en la actualidad, constituye la mejor recompensa y el mayor de sus méritos personales.


En la lejana Londres, tres colombianos han coronado el camino de sus aspiraciones deportivas a pesar de los infortunios vividos. Pero también como en la Suburbia de los Pet Shop Boys, allí en la distancia, recordaron toda esa interminable lista de sueños, quizá ocultos tras la mirada de unos niños transformados hoy en héroes pues afortunadamente hicieron posible lo que parecía una quimera.

27 de julio de 2012

Destellos Olímpicos


La Suma Sacerdotisa enciende la Llama Olímpica en el templo de Hera (Olimpia)


El verano europeo del año dos mil doce, marca el inicio de la trigésima versión de los Juegos Olímpicos en la era moderna. Y los ojos del mundo deportivo se fijan en Londres para admirar las destrezas y habilidades de los más de diez mil atletas reunidos durante dieciséis días en la máxima cita del deporte mundial.

La competencia limpia, el respeto por el adversario, el honor de la victoria y la dignidad en la derrota, son algunos de los valores significativos que desde sus inicios los Juegos han inculcado en sus participantes. Atrás quedan horas de esfuerzo, entrenamiento constante, preparación extenuante y decidida firmeza en el campo para dar paso al momento cumbre de ejecutar el mejor lanzamiento, golpear de revés sobre la red, lanzar en el segundo final hacia la canasta o acelerar el paso hasta la meta.

Además, para cada atleta, representar a su país significa una distinción única e irrepetible así como el privilegio de estar entre los mejores del mundo en su respectiva disciplina. Y la esperada recompensa al final, es portar la medalla en el pecho y la bandera nacional presente en el podio, como símil de la corona de olivo que se entregaba a los vencedores en la antigua Olimpia.

Más de 200 países asisten a la cita olímpica con el objetivo de alcanzar la consagración de sus hijos cuyos anhelos incluso trascienden el mérito deportivo ya que tras sus uniformes patrios, guardan miles de historias de vida, de superación y disciplina que valen mucho más que el metal de alguna de las medallas otorgadas.


Lo más notable es que de entrada, todos nosotros, espectadores y participantes, somos ganadores. Porque tanto unos como otros, recordamos que dentro o fuera de los campos del deporte, somos hermanos, habitantes de un mismo lugar con idéntico ideal: Construir un mundo mejor en el cual podamos vivir todos.

Ayer, con los juegos se homenajeaba a Zeus, el dios griego. Hoy, las naciones acuden a la cita olímpica y en esas justas, se exaltan y se recuerdan a sí mismas (aunque sea por unos días) la presencia de un mayor tesoro: La Humanidad que une a todos sus habitantes sin excepción de sexo, raza o credo para así comprender mejor el sentido global de la vida que en sus diversas manifestaciones se presenta desde los cuatros costados del planeta.

En esta fecha, el mundo que acoge nuestras pisadas, obras y pensamientos, se olvida por unos instantes de sus penas y tragedias cotidianas para elevar el espíritu a nobles ideales como los que Pierre de Coubertin, insigne pensador francés, heredó a la posteridad. Citius, Altius, Fortius, “más rápido, más alto, más fuerte”. Metáforas que bien podrían hacernos reflexionar en la actualidad.

Con la ceremonia inaugural se abre un nuevo capítulo en la extensa historia deportiva de la raza que nos ha dejado recuerdos e imágenes perdurables. Empieza una nueva melodía de distintos acordes, con variados ritmos y entonada por diferentes voces. Sólo resta pedir, como Martin Luther King, que cada uno de sus intérpretes la toque de la manera más hermosa.

24 de julio de 2012

Nozotros los pobres...

Escena de la película "Nosotros los pobres" de Ismael Rodríguez (1.947)

Senderos de pesares,
Audacias y alegrías, 
Acogen nuestros pasos.

Y en medio del quimérico progreso,
Hallamos en nuestro corazón,
La nobleza colosal
Del héroe marginal
Con su nobleza sellada
Por la verdad inmutable,
La ausencia conveniente
Y el amor entrañable,
A pesar del dolor
Y el amargo sabor
Del incomprensible destino.

Grises nubes de arreboles
Acompañan tantas almas olvidadas
Que al pasar erguidas y en silencio,
Sufren el desprecio
Ante el trono de los opresores.

Con miradas sinceras contemplan
Desde sus ocultos rincones de barrio,
El menor de todos los pecados
Pero el más grande
De todos nuestros heroísmos:
Ser Pobres.

En recuerdo de nozotros los pobres...


(eduardo Rojas S.V)

17 de julio de 2012

Sal insalubre


El Beso de Judas - Caravaggio (S. XVI)

Los principios de cualquier creencia religiosa están ligados a la moral, la espiritualidad y la praxis de sus enseñanzas plasmadas en sus libros sagrados. Y muchos líderes son, o deberían ser, conscientes de ello. Sin embargo, sucesos ocurridos con algunos de esos llamados “siervos del Señor” que dejan al descubierto escándalos de abusos de todo tipo demuestran lo contrario.

Pero no es solamente el caso del “pastor” Álvaro Gámez en Colombia, los abusos en una escuela de Yoga argentina o el engaño de una mujer uruguaya que el Señor supuestamente envió para que esclavizara a sus fieles trabajando gratis en sus negocios particulares, lo que escandalizaría al más fervoroso seguidor de dichas comunidades.

Según los escritos del evangelio, Jesús compara a sus seguidores como luz para la oscuridad, sal para la tierra. Quizá preveía que nuestro andar por este planeta no sería una continua exaltación a la alegría o el goce perpetuo. Y en virtud de ello, dejó su legado en manos de las sociedades posteriores para preservar la fe de quienes le sigan.

Pero al parecer, esos herederos de aquellos principios, han dado paso a una nueva “iluminación” que incluye hábiles formas de sugestión sistemática con el fin de privilegiar sus intereses y de paso, conseguir placeres de tipo sexual, beneficios económicos y autoritarismo sin control. Cualquier parecido con la realidad del país no merece calificarse de coincidencia.

Además, es sorprendente el discurso exclusivista que se pregona desde las tarimas en detrimento de comunidades similares como si la condición para alcanzar la salvación o la liberación (aquella que esgrimió el pastor Gámez para saciar sus aberraciones) estuvieran únicamente encerradas tras las puertas de sus lugares de reunión. Otra cualidad que distingue sus ejercicios homiléticos abarca las descalificaciones, señalamientos, prejuicios y hasta parcialidades evidentes en favor de ciertas castas de sus congregaciones.

Y lo increíble es que dichos personajes, algunos de ellos autoproclamados maestros, profetas, apóstoles, entre otros ficticios títulos nobiliarios, aprovechan sus cómodas posiciones frente a sus prosélitos para perpetuarse en las mismas o peor aún, heredar el mando (y obviamente los bienes adquiridos) a sus hijos o parientes cercanos, de manera directa o a través de convenientes alianzas mercantiles o matrimoniales al mejor estilo de las 
monarquías.

Sin generalizar la visión acerca de los llamados “enviados del Señor” porque también hay quienes entienden que su servicio implica respeto, comprensión y humanidad con el prójimo como prueba de su genuina fe, es lamentable percibir cómo se desvían los postulados originales de cualquier ideología religiosa en perjuicio de muchos seres humanos, que por ignorancia o ingenuidad, confían sus bienes y devociones a inescrupulosos personajes que no logran ir más allá de los superficiales actos emotivos o las simples impresiones discursivas que los ubican a la par de la clase política tan desprestigiada en la actualidad.

Los grandes maestros advirtieron del peligro de aquellos que usarían las escrituras sagradas como medio para lucrarse. Aun así, el sustento de esas palabras es sano en su origen y bueno en la práctica para quienes decidan acogerlo. Lo importante es recordar siempre las sabias palabras del carpintero de Galilea refiriéndose a aquellos que estaban sentados en la famosa cátedra de Moisés: “Hagan lo que ellos les dicen, pero no hagan lo que ellos hacen”

12 de julio de 2012

De luces y sombras



Andamos a tientas como ciegos y tropezamos al medio día como si fuera de noche. Nuestro habitar es oscuro como la morada de los muertos. ¿Y quién abrirá la puerta de nuestros ojos en este péndulo ondeante de luz y sombras?

4 de julio de 2012

Antes y después de la indignación


La persistencia de la memoria - Salvador Dalí  (1.931)

Pasado el clima de efervescencia y exacerbado furor, generado en la reciente semana por las decisiones amañadas de la mayoría de los congresistas colombianos, es tiempo de observar en perspectiva lo que hemos vivido, lo que ha pasado y lo que vendrá en el panorama.

El alto desprestigio de la dirigencia política del país no es noticia de última hora ni sus muchas irregularidades son sucesos inesperados. Sin embargo, todo ese huracán de reacciones provocadas en la sociedad, contrastan por su forma (y quizá por su fondo) en escenarios muy distintos al actual donde la pasividad y la apatía por el bienestar común han dado paso al clamor general.

Impresiona recordar que todos estos personajes que hoy son señalados como autores de maniobras legislativas y jurídicas en beneficio propio, ayer fueron aclamados como dignos representantes del pueblo, ávido de equidad y justicia social, términos frecuentemente usados en los slogans de campaña. Entonces, si es que existió alguna vez, ¿dónde y cómo se perdió esa credibilidad?

Las múltiples respuestas a este interrogante pueden abarcar diversas razones ideológicas, sociales y económicas. Sin embargo, todos los caminos conducen a un solo actor protagónico con un poder decisivo: El ciudadano y su voto como fundamento del actual sistema democrático colombiano cuyo censo electoral registra más de 30 millones de personas aptas para ejercer dicho derecho.

Y el día de elecciones, sin cámaras de televisión, sin el furor masivo y sin impulsos emocionales de ocasión, es el momento para expresar una vez más, nuestra indignación con quienes ostentan el poder a favor de sus intereses o premiar a aquellos legisladores y gobernantes honestos, que increíblemente los hay, por su labor en beneficio del pueblo. (Aunque es difícil de creer, como dice Cerati en su mítica Persiana Americana).

Es probable que muchos de esos nombres mencionados y muchos rostros manifiestos por sus propias declaraciones (algunas muy equivocadas) se presenten en las próximas elecciones como si nada hubiera pasado o como si un plato de comida, una prebenda electorera o unos cuantos billetes que no alcanzarán para saciar la honda ignorancia, fueran la solución definitiva a tantos problemas que se viven actualmente en nuestras ciudades. 

Por eso, no es sano acallar la voz de nuestra indignación, amplificada por los altoparlantes de la virtualidad y los espacios en los medios masivos de comunicación, cuyos voceros reflejan el estado de los movimientos sociales cuyos miembros reaccionan ante la insensibilidad a todo nivel de aquellos que nos representan en las esferas del gobierno local, regional o nacional.

Y ojalá que la amnesia casi inamovible que se vive en cada ciclo electoral, no sea la protagonista invisible en 2014. La responsabilidad también es de nosotros, los ciudadanos, que con cada voto no solo sumamos a una fría estadística sino que otorgamos derechos representativos a alguien para que decida lo más conveniente para nosotros y nuestras familias. Si elegimos bien, otorgaremos un bien para bien; si elegimos mal, sea cual sea la motivación, el resultado será idéntico a su causa. ¿Y después qué?

22 de junio de 2012

Voces virtuales, manos reales.

Foto tomada de: comunidadreal.files.wordpress.com

Un reconocido entrenador de fútbol debe dejar su cargo luego de golpear a su compañera de velada. Un joven con un futuro prometedor muere a manos de ladrones por resistirse al robo de su teléfono móvil. Un senador se niega a presentar una prueba de alcoholemia argumentando su posición de parlamentario. Un estudiante de una prestigiosa universidad muere en una infausta y lluviosa noche de halloween. Un ministro renuncia irrevocablemente después de asumir su responsabilidad en la errónea elaboración de una reforma a la constitución.

¿Suena conocido alguno caso de estos? ¿Son familiares los nombres de sus protagonistas?

Quizá haya algunas coincidencias en estos casos donde la mayor pérdida ha sido la de las vidas humanas que se truncaron violentamente. En otras, los escándalos aderezados con licor son la nota predominante. Pero lo más notorio es que estas historias han cobrado vigencia a través de los medios de comunicación merced a la acelerada globalización tecnológica e informativa que acompaña nuestros días.

Cabe resaltar la enorme capacidad de alcance de todos los medios (impresos, audiovisuales y digitales) en función de divulgar los pormenores de cada caso, cual muestra de exagerada exposición mediática a entornos ajenos a la naturaleza jurídica por la gravedad de algunos de ellos al igual que el surgimiento de especulaciones de toda clase, unas a favor, otras en contra.

Más allá de los cuestionamientos sobre ética profesional de los trabajadores de medios así como de los abogados, coprotagonistas de serie, se destaca el rol de la sociedad como actor no pasivo dentro de la realidad nacional. La indiferencia de antes ha dado paso a un despertar paulatino de la población colombiana que en diversas formas ha levantado una voz colectiva como protesta ante tantos hechos violentos y de corrupción en la administración pública.

Cuestionar la objetividad de los medios de comunicación en asuntos como estos, tomaría varias páginas y horas de discusión; sin embargo, adquiere validez el espacio brindado (tal vez ganado a pulso) para tratar en detalle dichos sucesos en columnas de opinión, blogs, estaciones radiales, canales de televisión y sitios web a través de las redes sociales, el boom del nuevo milenio.

Y es la actitud decidida de los ciudadanos de a pie, quienes con su voz virtual o su pensamiento plasmado en caracteres que unen voluntades, han hecho posible que se haga conciencia de la necesidad de cambiar en momentos de crisis.

Foto tomada de: comunidadreal.files.wordpress.com

La primavera árabe, los movimientos de indignados en Europa y Estados Unidos así como las protestas estudiantiles en Francia y Chile, son algunos ejemplos venidos del extranjero que han inspirado no solamente a la gente del común sino también a los propios medios en procura de reinterpretarse en su labor como parte integrante de transformación en la sociedad colombiana.

Winston Churchill sentencia que para cambiar se requiere valor, valor para levantarse y hablar; pero a pesar de las diferencias entre unos y otros, también se necesita valor para sentarse y escuchar, una virtud lejana para nuestro entorno.

 

Ojalá estas y otras historias mencionadas muchas veces o tal vez ninguna, como la de Liliana Lizarazo, madre del joven grafitero de 16 años Diego Felipe Becerra, cuya muerte aun sigue sin esclarecerse, perduren en la memoria de aquellos altavoces de una sociedad conminada a verse tal y como es, a perdonarse a sí misma por sus acciones u omisiones de cara a un cambio tan exigente como anhelado.

13 de junio de 2012

Jugadas desde la banca


Los Cambistas
Anónimo flamenco
(S. XVII)

Las recientes noticias de la ayuda financiera que el eurogrupo brindará al reino de España, que también nos recuerda el reciente pasado griego, portugués e irlandés, revelan que los temores a una aguda crisis económica de magnitudes parecidas a la de 2008, dejaron de serlo para convertirse en realidad.

Expertos en el tema analizan a profundidad las causas reales y los efectos a futuro en la economía española merced a lo que el presidente Rajoy, quizá por cuestiones de conveniente retórica, evita llamar “rescate”. Para ellos, lo acordado entre Madrid y Bruselas, para rescatar los bancos españoles, no es la solución definitiva pues quedan muchos aspectos por reglamentar y modificar. Mientras tanto, los ciudadanos con muchas incertidumbres, observan la escena.

Ejemplos como los plasmados en estos países, que en su pasado reciente, fueron estables económicamente, pueden ser un espejo donde nos veamos reflejados a nosotros mismos como sociedad. Índices de desempleo que llaman la atención, falta de dinero circulante, difícil acceso a créditos bancarios, entre otras señales de crisis financiera, pueden mostrar en nuestro horizonte un panorama similar al vivido por aquellos países de la eurozona antes de afrontar su crisis.

La implementación del tratado de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos junto con sus consecuencias a corto y largo plazo, los reajustes salariales, recortes de personal, cierre de las pocas empresas nacionales, la baja demanda por parte del mercado, los efectos de la globalización cada vez más acelerada y el incremento de la deuda pública, son factores que si bien, no deben causar pánico, sí deben estar en la mira de todos.

Los valores de endeudamiento externo del país, según el Banco de la República, suman más de 76 mil millones de dólares, con un porcentaje del 57% del total de deuda pública colombiana. Estas cifras, de por sí alarmantes, debido a su progresivo crecimiento, ubican al país en la línea de economías emergentes que ondulan en el péndulo del crecimiento o la recesión.

Y es el ciudadano de a pie, el que carece de información económica precisa, quien se inquieta más por su futuro cercano, por su estabilidad laboral con todo lo que ello implica a nivel económico, familiar y social.

En medio de las protestas surgidas por el incremento del paro (desempleo), la supresión de subsidios y subvenciones estatales, los ciudadanos españoles envían una señal que indicaría algo para nosotros a futuro. El rescate que el gobierno Rajoy ofrece a la banca y que a su vez niega pero que tácitamente reconoce y acepta bajo las condiciones de la troika europea, el BCE, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, se hará a costa de nuevos impuestos y mayores recortes en sectores tan fundamentales como la salud, la educación o las pensiones.

A hoy, en Colombia estamos a tiempo de establecer desde nuestras propias casas, moderados hábitos de consumo, no influenciados por imaginarios colectivos ideales que enmascaran una realidad tan latente como la propia responsabilidad de mantener una calidad de vida acorde con nuestras posibilidades que no es solamente cuestión de los dirigentes que deciden las formas de hacer viable el país en materia financiera. Es un compromiso consigo mismo y con el entorno.
E invocando términos del fútbol que por esta época capturan la atención desde la Europa central y oriental, las recientes jugadas de la economía del continente indican que la deuda exagerada parece no ser el mejor sistema para lograr el deseado marcador. 

Porque cada país se expone a que su equilibrio financiero, sus programas y proyectos estatales y hasta el equilibrio emocional y la estabilidad de sus ciudadanos en el futuro, queden exclusivamente en manos de terceros. Pues como lo afirma el Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario Europeo para la Competencia, el español Joaquín Almunia, quien da dinero nunca lo da gratis, pues pone condiciones y quiere saber qué se hace con su dinero”.

4 de junio de 2012

En nombre de las Rosas

(Elegance 0052 - Rob Hefferan)

Atroz, criminal, salvaje, inhumano, cruel, entre otros, han sido los calificativos que hemos captado luego de conocer el horrendo crimen cometido contra Rosa Elvira Cely en un parque de Bogotá. Ahora, luego de la oleada social e informativa derivada, se hace urgentemente necesario, contemplar en perspectiva la magnitud real de este hecho para que como tantas veces hemos expresado a través de diversos medios, casos como éste jamás vuelvan a ocurrir.

Jorge Luis Borges expresa que somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes y un montón de espejos rotos. Tenemos en nuestras manos, el poder de recordar en procura de construir un mejor porvenir. Y es que situaciones violentas similares a las vividas por esta madre colombiana, son asuntos constantes en nuestro país. En la marcha realizada este domingo 3 de Junio, la alta consejera para la Equidad de la Mujer, Cristina Plazas, recordó que en el 2.011 se registraron más de 50 mil actos de violencia de todo tipo contra las mujeres. Una cifra de por sí alarmante.

Pero no se trata solamente de mostrar ante los medios de comunicación, la efusividad de momento por el dolor que produce conocer en detalle lo que sucedió sino también comprender cuál es nuestro rol dentro de la sociedad colombiana, considerada por algunos, una sociedad tan enferma como desesperanzadora. Sin embargo, queda mucho por hacer al respecto. Aunque unos pocos inadaptados piensen lo contrario.


Una ocasional exteriorización de sentires como protesta frente a la violencia hasta el presente, no ha sido suficiente. Es preciso no olvidar a las miles de víctimas que al igual que la estudiante del colegio Manuela Beltrán de Bogotá, vivieron, o peor aún, viven hoy sometidas (contra su voluntad) a los caprichos de sus agresores. Llevar en la memoria a aquellas mujeres que ya no están físicamente y a quienes llevan en sus cuerpos y almas, las marcas de la barbarie humana demostrada de formas muy diversas, debe tomarse como nuestra primera responsabilidad.

Lamentablemente, nuestra indiferencia, el olvido social, la evidente discriminación, los estereotipos tan marcados en torno a la belleza y lo culturalmente admisible así como la falta de denuncias por parte de las víctimas y la ineficacia en el sistema judicial colombiano, han permitido que se repita una y otra vez esta clase de sucesos que concluyen con la reunión de voces indignadas ante la aparición de un nuevo caso, que va más allá de ser una simple estadística.

Y ante tantas décadas de violencia en Colombia que ha dejado generaciones malogradas, es tiempo de despertar realmente nuestra conciencia individual y colectiva sobre las reiteradas y múltiples formas de violencia que ante nuestra mirada aún perjudican a nuestras madres, hermanas, hijas, esposas, compañeras y amigas.

Quizá el conocer a fondo estas dolorosas historias, nos haga conocer esa otra forma de violencia contra las mujeres como lo es la indolencia social, donde todos somos como ese montón de espejos rotos a los que se refiere Borges, en donde nadie puede mirarse a sí mismo o siquiera reconocerse como humano.

La muerte de Rosa Elvira Cely se suma a una larga lista de víctimas (muchas de ellas anónimas) producida por la intolerancia, el conflicto armado y las otras formas de violencia presentes en nuestro país. Para algunos sólo será un número más; para otros, tal vez una forma de captar audiencias. Pero para la mayoría de colombianos (si no, todos) debe ser un llamado a educar a nuestras niñas y niños frente a los fenómenos violentos que directa o indirectamente nos han afectado en un momento de la vida.

Como expresa Jhon Donne, estamos ligados por nuestra humanidad, una condición que nos permite ser capaces de comprender la tragedia ajena, el dolor cotidiano y el clamor de justicia. Ése vínculo indisoluble será nuestro alegórico Hilo de Ariadna que nos guiará a la salida del laberinto, conscientes de que no somos islas completas en nosotros mismos porque si algún ser humano muere, ésa muerte nos golpea, nos hiere y también nos disminuye a todos.